domingo, 23 de septiembre de 2012

Desde Japón

La tierra no debería pertenecer a nadie. Eso he pensado hoy cuando he escuchado la noticia de la pelea entre los japoneses y los chinos por esa isla. Unos hombres de negocios chinos vendían una isla que está entre China y Japón. El gobierno japonés la ha comprado, y ahora ya no es China sino Japón. Y los ciudadanos chinos están indignados. Pero, ¿por qué? ¿Estarían menos indignados si la isla la hubiera comprado Coca-Cola, y ahora hubiera una “isla Coca-Cola” en el mundo?